El músico, bandoneonista y compositor
uruguayo Raúl Jaurena, radicado en Estados Unidos y muy presente aún, varias
veces por año, en la vida musical de nuestro país -siempre con tango-,
participa desde hace años en el ya tradicional Festival de música “Kleizmer” en
Israel.
Recientemente, asistimos por primera vez a
una función de dicho evento y tuvimos la sorpresa de enterarnos allí de su
presencia.
Este es un resumen del diálogo
mantenido.
¿Qué hacía un tanguero como usted de toda
la vida, en un festival de música tradicional judía «kleizmer» en
Israel?
El origen está en mi primera visita a
Israel hace como 15 años, a tocar con la orquesta sinfónica de los kibutzim. Y
desde entonces, también me invitaron al festival de «kleizmer» y el
de ahora ya fue el número o catorce al que vengo. A veces vengo hasta dos veces
por año. Doy conciertos y también clases.
Justamente nos estamos reuniendo en su
residencia junto a la Escuela de Música en la Universidad Hebrea de Jerusalem…
Así es. Aquí me reciben hermosamente y me
siento realmente muy bien. Es que me siento cómo en general en Israel. Creo que
hay una energía tremenda que se siente cuando uno llega al aeropuerto. Y ya que
mencioné al kibutz, te cuento algo que creo puede interesar. Viviendo en
Uruguay en un momento se hizo un convenio entre el sindicato de músicos y el de
transporte para hacer unas viviendas en mutuo acuerdo. Yo en mis tiempos de
joven incursioné en varias cosas, entre otras en el Partido Comunista, hasta
que me di cuenta de que era una mentira y no servía para nada, estuve desde los
15 a los 17, me fui decepcionado. Esto era por ayuda mutua y era un plan
cooperativista. Me pareció fenomenal y me metí en ese plan de vivienda. Había
que trabajar y ponían siempre de ejemplo los kibutz de Israel. Hice curso para
líder de cooperativismo, trabajamos, cuando las casas estaban bastante cerca de
hacer en una reunión los líderes decidieron que las casas de las esquinas, que
eran las mejores y tenían mejor material, iban a ser para nosotros. Yo pregunté
por qué, porque si es cooperativismo tienen que ir a sorteo como las otras. Y
me dijeron que no… Y yo dije: esto es igual que todo, es todo mentira. Por
supuesto que me volvieron a sacar a patadas. Yo no entendía el acomodo ese. Pero
yo seguía soñando con los kibutz, cuando estuve la primera vez aquí en uno me
encontré con uruguayos y argentinos y les dije que mi sueño era quedarme ahí.
Me quedé como cuatro días y la pasé fenómeno. Pude interiorizarme en cómo
funcionaba. Para mí es el paraíso y el lugar ideal para criar hijos y crecer,
es genial. Tuve la satisfacción, la vida me dio la oportunidad de vivir en un
kibutz, algo con lo que soñé tanto tiempo.
¿Pero y «kleizmer», música judía
propiamente dicha?
Toqué klezmer, lo hice durante seis años
con Giora Feidman desde 1998 hasta 2004 o 2005.
Recordemos, es el gran clarinetista judío,
nacido en Argentina, hoy radicado en Israel…Hace pocos meses cumplió 80 años.
Pues con él tocábamos algún tango pero en
base klezmer. Y tengo la suerte de decir que Giora es mi amigo personal, es un
genio para mí, uno de los más grandes con los que compartí escenario.
¿Cómo nació esa relación?
Fue muy cómico. Yo estaba en New York y
recibí una llamada de teléfono de una persona que me dice: «Mire, a mí me
dio su teléfono Pablo Sigler (un pianista que tocó con Astor Piazzolla los
últimos años) y me dijo que usted tocaba el bandoneón, ¿usted donde
vive?», «En New Jersey, pegadito a New York», «Ah, yo tengo
que ir al Aeropuerto de Newark, ¿usted está de camino?», «Sí»,
«¿Puedo pasar por su casa?», «Sí»
Todavía no sabía quién era.
No. Pasó un martes a las cinco de la tarde,
me saluda y me pregunta si puede tocar, le digo que sí, sacó su clarinete y
tocó como dos minutos. Me preguntó qué me parecía, si me gustaba, le dije que
estaba bien. «Discúlpeme, ¿usted tiene su bandoneón acá? ¿Puede tocar algo
para mí?», agarré el bandoneón y toqué uno o dos minutos. «Lo
felicito», me dice, «en uno o dos días alguien lo va a llamar de una
agencia de Alemania y le va a proponer un trabajo, usted verá si le conviene o
no, porque yo no hablo de esas cosas», y se fue. Cuando se fue mi mujer me
pregunta quién era y le digo: «Mirá, yo creo que era un loco. Este tipo
creo que es un tarado, no tenía nada para hacer y vino por acá». Me
llamaron de la agencia para ofrecerme un año, en tales meses, más de 50
conciertos, todos los días. Y yo dije: eso no existe, entonces le pregunté de
vuelta y le pedí que me lo mandara en un mail. Me lo mandaron con todas las fechas
y yo seguía pensando lo mismo. Lo consulto con un colega, también me dice que
algo así no existe. Entonces le escribo a la agencia y le digo: «Ok. Si
cancelan el primer concierto, ok, si cancelan el segundo me pagan el 50% y si
cancelan del tercero en adelante quiero cobrar el 100%». Porque pensé:
esto no debe ser verdad, dicen esa cantidad y después empiezan las
cancelaciones. Me respondieron que sí; «No hay ningún problema, pero venga
preparado para tocar los 56 conciertos porque son 56 conciertos», y así
fueron. Era impresionante lo que trabajaba, así trabajé con él años, hasta que
dije: quiero descansar, quiero seguir mi camino.
Y con él nada era más que nada klezmer.
80% klezmer y el resto alguna otra música.
Y se hicieron muy amigos.
Muy, muy amigos. Es una gran persona, un
gran ser humano, un gran hombre. Excelente músico. Yo ya tenía 50 y pico, pensé
que no iba a prender nada más y aprendí mucho con él, un gran músico y artista.
¿Conocía algo del «mundo» judío,
antes de su amistad con Giora Feidman?
Sí, yo crecí dentro de un mundo judío
porque en la zona donde vivía en Unión había una colectividad judía muy grande
y mis padres eran íntimos de varios matrimonios judíos, por lo tanto yo jugaba
con sus hijos, comía arenques, mucha comida judía por jugar con hijos de
judíos. Yo crecí ahí, era el tiempo en el que el judío vendía puerta a puerta,
eran judíos pobres a los que les costaba mucho salir adelante. Se compartían
muchas necesidades y cosas, si yo tenía una comida le pedía para guardarla en
su heladera, se compartía todo eso. Por suerte crecí en ese barrio, y crecí en
un ambiente judío. Mi crecimiento fue con judíos a los que sigo viendo.
Hasta los años 40 gobernaron toda la parte
musical del mundo los italianos, y de ahí en adelante los judíos. En todo ese
ámbito de orquestas las figuras centrales son judías. Hay cantidad de
violinistas…
EL AMOR POR EL TANGO
Comenzamos hablando de la música que trae a
Israel, interpretando con el bandoneón, pero también compone. Y siempre, tango.
¿Cómo nació ese amor?
Yo nací en el tango porque mi padre era un
tanguero que también tocaba música, entonces crecí y entendí la música a través
del tango, solamente. El tango se metió en mi cuerpo y mi sangre, desde los
ocho años de edad. Mi padre hizo algo conmigo algo especial, logró que yo
desarrolle una relación con el instrumento, con el bandoneón, una relación de
piel, personal. Cuando yo empecé, como a los seis años, mi madre le decía a mi
padre que me enseñara hasta que él aceptó. Agarró un bandoneón, lo puso en un
sillón que había en el living y dijo: «Ahí está».
«Enseñale», dijo mi mamá; «No, no», respondió él, «él
se va a relacionar con el instrumento primero». Yo jugaba por ahí y de a
ratos lo agarraba, lo tocaba, metía los dedos en los botones, y me iba. Venía
al otro día, lo tocaba otro poco, lo miraba. Empecé a relacionarme con el
instrumento, directamente el instrumento y yo, sin la música de por media, sin
papel de notas de por medio. Como al mes mi papá me preguntó si me gustaba y le
dije que sí. «¿Sentís que es el sonido para vos, que es el instrumento que
te gusta?», me preguntó, «Sí», respondí, «Bueno, ahora te
voy a empezar a enseñar», contestó. Yo empecé una relación con el
bandoneón, cuando toqué mi primera escala el instrumento ya era mío, ya estaba
en mí, porque mi padre me dio la oportunidad de que yo conociera a ese amigo,
que yo intercambiara con él.
Entre eso y el tango, ¿el pasaje es
automático?
Yo empecé directamente con el tango, porque
en mi generación era la música realmente importante. Yo me acuerdo de caminar
por el barrio y escuchar que la música que estaba adentro de las casas era
tanto.
¿Dónde creció usted?
En la Unión. Era tango, se escuchaba tango,
y me acuerdo de ver a las orquestas que venían, como la Orquesta Típica Osvaldo
Pugliese o la de Troilo. Yo era chico y me quedaba en un lugar cerca, que era
del Club Danubio, que hacía bailes, y me trepaba como un mono arriba de los
árboles para poder mirar para adentro. Tenía ocho o nueve años y ya me volvían
loco las orquestas, pasaba las horas mirándolas. En aquel momento todo era
tango. Tengo una anécdota con el maestro Horacio Salgán. Él vino al Hotel
Retiro, en el Parque Rodó, y yo me fui de la Unión al Parque Rodó con ocho o
nueve años, me trepé y vi la orquesta. Estaba tan enloquecido mirando la
orquesta que perdí la noción del tiempo y cuando fui a volver no tenía más
autobús. Caminé del Parque Rodó a la Unión, llegué como a las seis de la
mañana.
¡Y no había celular para avisar a sus
padres!
Nooo, se querían matar, habían dado cuenta
a la Policía y todo, mi mamá me quería pegar porque no podía hacer una cosa de
esas, mi padre me preguntó dónde había estado, le conté y dijo: «¿Pero
cómo? No lo castigues…». Yo le conté a Salgán, con los años tuve la
oportunidad de conocerlo personalmente, y a él le pareció muy gracioso y cada
vez que lo iba a ver me decía: «Espero que no te castiguen cuando vuelvas
a tu casa».
SEGUIR EMOCIONÁNDOSE
¿Esto tiene que ser una pasión? ¿Si dedica
su vida a la música es porque está apasionado y porque se sigue emocionando
cuando sube al escenario?
Sí, claro, siempre. Para mí tocar el
bandoneón todos los días es importante, es como mi tiempo, y la pasión la
siento más que cuando tenía 20 años. Y ahora tengo 70. Es que de joven yo quería
ser famoso e ir para adelante y disfrutaba menos de la música por aquella
desesperación de querer tocar más que todos los que estaban alrededor, vivía en
eterna competencia. Ahora pienso que en el mundo hay lugar para todos y hay
quien lo hace mejor, igual o peor que yo.
URUGUAY, SIEMPRE
Raúl usted está viviendo hace muchos años
fuera del país, hoy en Estados Unidos ¿Cuándo se fue de Uruguay?
En los 70, antes de la dictadura. Por la
música y porque quería conocer otros lugares.
Me contó antes que usted va cuatro veces
por año a Uruguay. Se lleva a Uruguay siempre adentro, ¿verdad?
Ah sí, claro, no podría vivir sin regresar
a Uruguay, no podría escribir lo que escribo ni sentir como siento. Yo
necesito, necesito a mis amigos de Uruguay Se dice que el país más lindo es
aquel en el que uno tiene un ser querido. Yo tengo mis grandes amigos en
Uruguay y eso hace que yo disfrute mucho con ellos cuando voy a Uruguay.
Y profesionalmente ahora va a tocar en el
Solís…
Si, este año los conciertos eran en setiembre
y octubre y el 11 de diciembre toco en la Adela Reta del Sodre con la orquesta
que dirijo. El 11 de abril de 2017 estoy preparando un arreglo gigante para los
100 años de La Cumparsita con la sinfónica del Sodre. Le voy a poner coro, el
ballet con Julio Bocca y la orquesta, con una Cumparsita que va a ser con
tratamiento para que en vez de ser de tres minutos sea de veintitantos para
hacer un homenaje grande.
Suena que valdrá la pena ir esa noche al
SODRE…
Creo que sí.
Raúl Jaurena, de una vida de tango, al festival de música judía “kleizmer” en Israel.
21/Nov/2016
Uypress, Ana Jerozolimski